En muchísimos hogares argentinos la cena no termina sin ese gesto casi automático: “¿Un cafecito?”. Lo mismo ocurre con quienes, antes de irse a la cama, ceban unos mates para estirar la charla. Pero lo que para muchos es un hábito placentero, para otros se convierte en un obstáculo invisible que afecta el descanso sin que se den cuenta.
La cafeína es un estimulante natural que bloquea la adenosina, la sustancia que nos genera la sensación de cansancio. Esto significa que incluso un pequeño café, un té fuerte o unos mates a la noche pueden retrasar la llegada del sueño profundo.
Los especialistas sostienen que la sensibilidad a la cafeína varía en cada persona: mientras algunos pueden tomar un espresso después de la cena y dormirse como si nada, otros con apenas un mate a las 8 de la noche pasan horas dando vueltas en la cama.
El impacto no se queda solo en el insomnio. Consumir cafeína tarde puede alterar la calidad del descanso, acortar la fase REM (donde soñamos) y hacer que nos levantemos con la sensación de “no haber descansado”, aunque hayamos dormido varias horas.
Entonces surge la pregunta: ¿Vale la pena ese cafecito nocturno o conviene reservarlo para la mañana y la tarde?
La respuesta depende de cada uno, pero la ciencia coincide en algo: si notás que te cuesta dormir, que el sueño no es reparador o que tu energía a la mañana no es la misma, tal vez el café de sobremesa o el mate de última hora tengan más que ver de lo que imaginabas.