Diciembre y enero concentran algunos de los índices más altos de siniestros viales. El motivo se repite cada año: exceso de confianza, consumo de alcohol y la falsa sensación de control. “Tomé poco”, “manejo mejor así”, “son solo unas cuadras”. Frases comunes que, en muchos casos, terminan en tragedia.
El alcohol reduce los reflejos, altera la percepción de la velocidad y las distancias, disminuye la capacidad de reacción y nubla el criterio. Incluso en cantidades que parecen mínimas, el riesgo ya está presente. A 60 km/h, un segundo de distracción puede significar recorrer más de 16 metros sin control.
Durante las fiestas, el peligro no está solo en quien conduce alcoholizado, sino también en peatones, ciclistas y familias enteras que nada tienen que ver con una mala decisión ajena. Un error dura segundos; las consecuencias pueden durar toda la vida.
Las estadísticas son claras: la mayoría de los choques graves en fechas festivas ocurren de madrugada, cuando los festejos terminan y muchos deciden volver a casa manejando. No es mala suerte, no es casualidad: es una combinación evitable.
Hoy existen alternativas simples y responsables:
- Designar un conductor responsable
- Usar transporte público o apps
- Quedarse a dormir donde se festeja
- Pedir ayuda a un familiar o amigo
Elegir no manejar después de tomar no arruina la fiesta, la protege. Cuidarte también es cuidar a los demás.
En estas fiestas, el brindis más importante no es el último del año, sino el que se hace llegando a casa sano y salvo. Porque una celebración no debería terminar en una guardia, una sirena o una noticia que nadie quiere leer.