La mañana de este lunes 18 de agosto quedará marcada en la memoria de la prensa gráfica y televisiva local por una noticia que entristeció a toda la comunidad: a los 80 años, falleció Luis Viegas, un empresario muy querido por su entorno, cuyo legado trasciende lo profesional y se instala en la historia viva de la ciudad.
Fue uno de sus nietos quien lo encontró descompensado en su hogar. Luis aún tuvo fuerzas para alertar a un vecino, pero se desplomó poco después. La rápida intervención permitió que su familia llegara enseguida y se pidiera asistencia médica. Sin embargo, su estado era crítico. En el centro asistencial confirmaron su deceso antes del mediodía.
Luis había nacido el 5 de mayo de 1945, una fecha que coincidía con el aniversario de Ensenada, su tierra adorada. Allí desarrolló casi toda su vida, rodeado del afecto de su familia, amigos y vecinos. Lo despidieron sus hijas Sandra y Lorena, sus yernos Gustavo y Sergio y sus nietos, quienes anunciaron que sus restos fueron velados en la ciudad que lo vio nacer.
Luis Viegas fue muchas cosas: camionero, operario naval, empresario gráfico, dirigente deportivo, pionero de la televisión por cable. Pero, ante todo, fue una buena persona. De sonrisa fácil, humor entrañable y espíritu solidario, supo ganarse el cariño de quienes lo conocieron.
Fue uno de los impulsores de Ensenada Televisión, el primer canal de cable de la región, y pieza clave en el desarrollo de la televisión por suscripción en la provincia de Buenos Aires. Con su empuje y visión, logró que el servicio llegara a más de 20.000 hogares en pocos años, llevando información y cultura a cada rincón de la ciudad. Más tarde, lideró la Asociación Bonaerense de Operadores de TV por Cable, consolidando su rol como referente del sector.
Tras vender la empresa, emprendió un nuevo desafío como empresario gráfico, con una imprenta que se convirtió en faro cultural para la región. Allí nacieron publicaciones locales como El Diario Hornense, las guías turísticas de La Plata, El Diario Garibaldino y, más recientemente, la revista de ACLHO. Retomó su impresión por pedido de su amigo Rodolfo Francisco, demostrando una vez más que para él la amistad valía más que cualquier contrato.
Antes de convertirse en empresario, Luis fue camionero y trabajador del Astillero Río Santiago, y también personal civil de la Armada. Recorrió el país al volante, cultivando historias y amistades en cada kilómetro. Su andar inquieto lo llevó también a Estados Unidos y Centroamérica, donde compró maquinaria para su imprenta, siempre con la audacia de quien se anima a lo desconocido.
En el deporte, tuvo un fuerte compromiso con el Club Defensores de Cambaceres, donde fue dirigente durante las décadas del 80 y 90, manejando el fútbol con resultados históricos. Para muchos, aquella fue la “época dorada” del Rojo de Ensenada.
Apasionado, curioso, discutidor con altura, Luis disfrutaba el debate, el café largo con amigos, los recuerdos y el fútbol. Siempre con una historia para contar, con anécdotas que mezclaban humor y sabiduría, fue un verdadero hombre de bien, de esos que con solo estar, alegran el día.
Hoy el empresariado gráfico llora a uno de sus padres más nobles. Se va un hombre que trabajó toda la vida, que creyó en su trabajo. Pero sobre todo, se va alguien querido, cuya huella permanecerá imborrable en el alma de su gente.
(…Querido Luis, luego de haber escuchado tus conmovedoras palabras tras el fallecimiento de mi padre en el año 2021, hoy me toca mirar al cielo para repetirte varias de ellas, y seguramente andarás con mi viejo, tu amigo, en largas charlas como lo hacían en esta tierra. Hasta siempre QEPD. Rodolfo Francisco…)